ENRIQUE VILLALOBOS

ENRIQUE VILLALOBOS

presidente de la federación regional de asociaciones vecinales de Madrid (FRAVM

Todo sistema ha de ser evaluado cada cierto tiempo para mejorarlo y evitar que deje de ser útil.

No se me ocurre nada más productivo para nuestro sistema democrático que evaluar el modelo de estado que tenemos. Sólo el pensar que ninguna de las que formamos parte de la generación del baby boom participamos de la decisión del actual estado, me parece que evidencia que estamos en un momento inmejorable para evaluarlo.

Por ello apoyo y animo a participar en la consulta Monarquía o República que se está organizando para el próximo 2 de diciembre.

CARLOS SÁNCHEZ MATO

CARLOS SÁNCHEZ MATO

Concejal Ayuntamiento de Madrid

No puedo esconder mi posición. No soy neutral y estoy firmemente comprometido con los valores republicanos y, por tanto, no puedo hacer otra cosa que pelear por la abolición de una institución caduca y antidemocrática como la monarquía.

Estoy seguro de que nadie que presuma de ser demócrata, podría oponerse a que la gente pueda opinar sobre este particular. Dado que, hasta el momento, ningún Gobierno ha querido convocar un referéndum de acuerdo a la actual Constitución para que los ciudadanos podamos decidir entre Monarquía y República, es lógico que la sociedad civil organizada pueda defender consultas como la que muchos barrios de Madrid están organizando.

Por eso animo a toda la gente a participar en la misma. Somos mayores de edad para poder decidir sobre todo. También sobre quién debe ejercer la jefatura del estado.

RAÚL CAMARGO

RAÚL CAMARGO

Diputado de Podemos en la Comunidad de Madrid

La Monarquía borbónica es un residuo del franquismo que nos legó a Juan Carlos I y a toda su corrupción. Hacer todo lo posible por acabar con La Corona e instaurar una Republica (o varias) es uno de los objetivos fundamentales de la izquierda. En ese sentido, la consulta del día 2 de diciembre en Madrid es una cita importante que debemos apoyar.

PABLO CARMONA

PABLO CARMONA

Concejal del Ayto. de Madrid

La crisis de legitimidad del Régimen del 78 que se vive en nuestro país y en nuestros barrios nos lleva a recuperar los valores más básicos de una democracia construida desde abajo. El derecho a decidir sobre todo lo que nos afecta, la política sin mediaciones caducas y sin derechos divinos. Salir a la calle y a las urnas sin miedo, desafiar a lo establecido y desobedecer a la injusticia pasan por tomar la palabra y pasar a la acción sin esperar el permiso de nadie.

CÁNDIDO CARNERO

CÁNDIDO CARNERO

Sindicalista de la naval de Xixón y de la corriente sindical de izquierdas (CSI) de Asturias

Hola compas, hace tiempo que sigo vuestro importante trabajo de cara a la consulta que vais a realizar el próximo 2 de diciembre sobre Monarquía o República, y es por ello que, como republicano, quiero felicitaros por el extraordinario trabajo que estáis realizando poniendo esta iniciativa en el debate público que debería terminar en una verdadera consulta legal y democrática donde toda la ciudadanía pueda decidir libremente. Gracias compas por vuestra iniciativa, y confío que esto sea pronto una realidad en el derecho a decidir de toda la ciudadanía. Mucho ánimo. Salud y República ya.

JOSÉ MARÍA ALFAYA

JOSÉ MARÍA ALFAYA

Cantautor

Soy republicano desde la etimología de la propia palabra. La «cosa pública» es la única perspectiva para la supervivencia de la comunidad humana. No me gusta la palabra monarquía por su más estricto significado. Eso del poder concentrado en uno…

SUSANA MARTINS

SUSANA MARTINS

actriz y cantante

El derecho a decidir libremente nos hace ser mejores personas.

PABLO MAYORAL RUEDA

PABLO MAYORAL RUEDA

Presidente de La Comuna, Asociación de Expresos Políticos del Franquismo

El derecho a decidir es incontestable y los poderes públicos han de someterse a sus resultados.
Negar ese derecho es la palabrería que utilizan los poderes públicos para rechazar la voluntad popular cuando no les conviene.

CRISTINA FALLARÁS

CRISTINA FALLARÁS

Periodista y escritora

Este lugar abstracto en el que vivimos se llama «representación». O sea apiñar las decisiones de cada puñado de ciudadanos y lanzarlas.  Este lugar abstracto en el que vivimos se llama derecho a exigir a aquellos que nos representan precisamente eso, que nos representen . O sea derecho, en común, a ser.  Este lugar abstracto en el que vivimos se llama todo es susceptible de salir en televisión. O sea, ¿qué fue de Margarita Xirgú?

MARIANO MUNIESA

MARIANO MUNIESA

Periodista musical

Recuerdo muy bien como cuando estudié historia en el bachillerato, había un capítulo en el programa de la asignatura llamado “La época del despotismo ilustrado” que podía resumirse perfectamente en esta frase: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

Esa época transcurrió hace ya varios siglos. De hecho, creo que nadie hoy se atrevería a cuestionar que uno de los grandes avances de la humanidad fue la superación de aquella etapa histórica a traves de los grandes movimientos revolucionarios, que precisamente tenían como objetivo el poder popular, el poder del pueblo, la democracia en su expresión más avanzada.

Parte fundamental e intrínseca de ese avance, de esa conquista entiendo que es lo que que conocemos como derecho a decidir. Derecho a decidir hacia donde queremos orientar nuestra vida, como queremos vivir, como queremos expresarnos, en el caso muy especial de las mujeres, derecho a decidir sobre su cuerpo, sobre su maternidad, sobre el aborto… pero este derecho a decidir entendido como una facultad individual, como un derecho del ciudadano o ciudadana libre, nunca puede ser completo y real si no se puede ejercer a nivel colectivo, como sociedad, como comunidad, como pueblo. La democracia se convierte en una falacia cuando el derecho a decidir de la colectividad esta sometido a restricciones, y eso por desgracia, lo hemos vivido recientemente tanto en el caso de los pueblos que quieren ejercer su derecho a la autodeterminacion como en los que queremos poner en cuestión desde la forma de estado a centenares de cuestiones más. La reivindicación del derecho a decidir de los pueblos y de las sociedades es para mi algo irrenunciable y en cuya defensa no podemos ceder ni un ápice de terreno.

MANUEL BLANCO CHIVITE

MANUEL BLANCO CHIVITE

Escritor y director de El Garaje Ediciones S.L.

La lucha que actualmente se lleva a cabo en Cataluña, País Vasco y por determinados sectores del resto del Estado por el derecho democrático a decidir no es sino, sencillamente, una lucha por la democracia.

La democracia que no se obtuvo en la Transición ni con la Constitución de 1978.

No se trata ni de conservar ni de recuperar derechos fundamentales democráticos que nunca estuvieron vigentes, bajo la vigilancia de la policía y los jueces neofranquistas, sino de emplearse en su advenimiento real. Es decir, hacer que el pueblo, la ciudadanía en su conjunto, decida de todo aquello que afecta de manera importante a su vida y su economía. Vamos, conquistar de una vez por todas el derecho a decidir.

JAVIER SÁENZ MUNILLA

JAVIER SÁENZ MUNILLA

Periodista

Es difícil explicar lo que es obvio. Por eso me resulta complicado razonar por qué quiero tener derecho a un derecho. Es lo esencial en la democracia, si ésta es una democracia entera, sin que le falten trocitos. En este caso, la negación del derecho a decidir, hace que a esta democracia le falte lo fundamental.

Yo quiero poder decidir en todo lo que me afecta. En una cuestión grande y vital. Lo primero que quiero poder decidir es si quiero una jefatura del estado impuesta o una elegida: monarquía o república. Pero también quiero poder opinar y decidir si el derecho a la vivienda debe estar por delante del derecho a la propiedad, si la enseñanza pública debe priorizarse frente a la privada o concertada, si la sanidad pública universal y suficientemente dotada debe priorizarse frente a la privada, si el transporte público, si el interés público en el sistema financiero, si… Me parece tan obvio.

JAIME PASTOR

JAIME PASTOR

Profesor de Ciencia Política

La reclamación del “derecho a decidir” –entendido, desde mi punto de vista, como una forma de expresar la voluntad de autonomía y autodeterminación individual y colectiva- me parece muy necesaria y oportuna debido al momento histórico crítico en el que nos encontramos. Éste se caracteriza por la  tendencia a la consolidación de una estructura de poder global oligárquica y antidemocrática en el marco de un sistema cada vez más injusto, que está generando crecientes desigualdades en todas las esferas y pone en riesgo la sostenibilidad de la vida en el planeta.

En ese contexto el derecho a decidir de las personas y de los pueblos sobre su futuro, sobre las cuestiones que afectan a sus vidas y a su forma de organización política y social es una reivindicación muy necesaria si queremos redemocratizar nuestras sociedades y evitar la deriva autoritaria imperante. En ese camino el derecho a decidir sobre la forma de Estado –monarquía o república- es fundamental, con mayor razón en el caso español debido a que se nos impidió ejercer ese derecho en el proceso que dio lugar al régimen político actualmente vigente en el Estado español.

JACINTO LARA BONILLA

JACINTO LARA BONILLA

Abogado

El artículo 23.1 de la Constitución española establece como uno de los derechos fundamentales de la ciudadanía el de participación en los asuntos públicos, bien directamente, bien por medio de representantes electos.

Desde que se aprobó la Constitución en 1978, únicamente se han celebrado tres referéndum o consultas a la ciudadanía: el de ratificación de la propia Constitución (1978), el de integración de España en la OTAN (1986) y el de ratificación de la Constitución europea (2005). Esto es, en cuarenta años, tres consultas a la ciudadanía sobre cuestiones de trascendencia política.

Todo Estado democrático debe conjugar adecuadamente la participación directa de la ciudadanía, por medio de las correspondientes consultas vinculantes, con la participación indirecta a través de los representantes elegidos a tal efecto.

En el Estado español esto no sucede ni acontece y, por tanto, se violentan gravemente derechos fundamentales.

Etimológicamente la palabra idiota, de origen griego, se refería a aquella persona que se no se ocupaba de los asuntos públicos. Así que, por favor, no lo seamos. Debemos exigir la participación directa de la ciudadanía en los asuntos políticos, en los asuntos públicos, por medio de las correspondientes consultas o referéndum y, por ello, os animo a participar en esta iniciativa.

SOFÍA DE ROA

SOFÍA DE ROA

Periodista

El cuestionamiento del ejercicio y significado del derecho a decidir en el debate público se suma a las evidencias, que urgen a enriquecer los espacios de reflexión, y a promover una acción política que evite la inercia a la simplificación del proceso democrático. Si nada puede hacerse en política sin contar con la ­libre adhesión de la gente, cualquier proceso sobre los derechos de la ciudadanía solo avanzará mediante diálogo y acuerdo sobre cada uno de los objetivos, que definan las ventajas comunes que queremos alcanzar. ¿Sobre qué asuntos de nuestra convivencia decidimos? ¿Cómo realizamos la toma de decisiones? ¿Cuál es el objetivo que respeta la voluntad de todas las partes? Responder a estas preguntas pasa por imaginarse el lugar donde queremos vernos como sociedad. Para ello, necesitamos la implicación de todas y animar a la toma de iniciativas pacíficas en esa dirección, que contribuyan a la mejora de nuestras capacidades y habilidades como ciudadanía activa, protagonista de la construcción de un futuro esperanzador. Por suerte, tenemos un amplio margen de acción.

CARLOS TAIBO

CARLOS TAIBO

Escritor, editor y profesor universitario

Sobran las razones para concluir que esa farsa que configuran las democracias liberales ha nacido con un propósito expreso: permitir que los gobernantes, y los intereses económicos a los que éstos se hallan supeditados, puedan desarrollar su labor al margen del ruido molesto que emite la población y ratificar, al tiempo, un escenario de injusticia, desigualdad y explotación. Por eso es importante pelear para que se abran espacios de debate y de acción como los que reclama eso que ha dado en llamarse «derecho a decidir».

Para ser completamente franco, confesaré que la discusión sobre la monarquía y la república me atrae poco. Defiendo fórmulas -la autogestión, la democracia directa, el apoyo mutuo- que están al margen de la una y de la otra. Pero, aun con ello, me parece respetable que se defienda un referendo al respecto y, de resultas, no dudo en apoyar a quienes lo promueven. Tanto más cuanto que, hace un año y en Cataluña, ya tuvimos la oportunidad de comprobar cómo se las gastan quienes ven en peligro su poder y sus privilegios.

CARLOS OLALLA

CARLOS OLALLA

Actor

Razones por las que apoyo un referéndum sobre república o monarquía

Considero indispensable que los ciudadanos, en democracia, puedan decidir no sólo quién les representa cada cuatro años en el parlamento, sino todo aquello que afecta directamente a su forma de vivir. Y el modelo de Estado en el que viven es, sin duda, algo que les afecta directamente. No poder elegir al jefe del Estado sino tener que aceptarlo por sucesión hereditaria resulta, cuando menos, anacrónico en pleno siglo XXI. Y más teniendo en cuenta que la restauración de la monarquía en España se hizo por ordeno y mando de un dictador como Franco.

Hay un hecho que nadie debería olvidar: más del sesenta por ciento de los españoles de hoy no votó en el referéndum de la Constitución del 78 y buena parte de los que sí pudimos votar lo hicimos acogotados por el miedo al ruido de los sables franquistas. Han pasado más de cuarenta años de la muerte del dictador, tiempo más que suficiente para que los ciudadanos y ciudadanas de este país puedan decidir libremente el modelo de Estado en el que quieren vivir. Negarles este derecho argumentando que hay que mantener el consenso que se alcanzó hace cuarenta años es una falacia que únicamente pretende mantener intocable el régimen del 78. Ningún consenso alcanzado hace décadas puede cercenar los derechos de los ciudadanos de hoy porque negarles su derecho a decidir es negar la base misma de la democracia. Y somos demócratas ¿o no?

BERNARDO FUSTER

BERNARDO FUSTER

Músico

En mi vida he tenido que tomar con frecuencia decisiones trascendentes. No me arrepiento de ninguna de ellas, incluso cuando visto desde la distancia pudiera parecer que en algunos casos me equivoque, y no me arrepiento, porque todas esas decisiones las tomé libremente, con conciencia y asumiendo las consecuencias.

BEGOÑA LALANA

BEGOÑA LALANA

Abogada, miembro de ALA

Lo que se reivindicaba en las plazas era mayor y mejor participación política: No puede ser que quienes nos gobiernan presenten un programa y cumplan otro; protejan sus propios intereses antes que  cuidar los colectivos, y adopten decisiones trascendentes sin preguntarnos.

La tecnología, la misma que permite que sus señorías voten desde casa, o lo hagan apretando un botón tras indicación de que el voto de su grupo es un dedo: si; dos dedos: no; o tres dedos: abstención, posibilita que se nos consulten las grandes decisiones del país. La democracia representativa lo exige.

Las instituciones, todas, obtienen su legitimación de las ciudadanas y ciudadanos, únicos titulares de la soberanía. Las diputadas, diputados, senadores, concejales… pueden equivocarse pero deben responder ante sus electoras y electores.

Cuando las instituciones no son representativas, sin embargo, es necesario que nos hagamos varias preguntas importantes: ¿quién inspira sus actos?, ¿ante quién rinden cuentas?, ¿cómo podemos defendernos de un posible abuso?

ANDRÉS BÓDALO

ANDRÉS BÓDALO

Sindicalista, edil de Jaén y preso político

Estoy a favor de hacer la consulta monarquía o república, en el Estado Español.

Desde mi punto de vista, la monarquía en el Estado Español ha sido el caballo de Troya, nos la impusieron para poder hacer lo que han hecho en los últimos 40 años, saquear nuestros pueblos. En el Estado Español no hay democracia, ni libertad, mientras no decidamos si queremos ser monárquicos o republicanos.

Soy de los que piensan que tenemos que ir a un proceso constituyente, hacer una nueva constitución, que marque las reglas de juego para que todos los ciudadanos y ciudadanas del Estado Español decidamos sobre nuestro futuro.

AITOR MERINO

AITOR MERINO

Actor

Me piden que escriba sobre el Derecho a Decidir como ejercicio democrático según el cual el poder de decisión sobre las cuestiones importantes relativas a la conformación del Estado recaería sobre la voluntad ciudadana. No seré yo quien critique este principio. Pero lo primero que me viene a la cabeza es que hay cuestiones que deberían quedar fuera de dicho marco. No comparto la idea de someter a un referéndum democrático la permanencia o no de un modelo que, como la Monarquía, es, por principio, antidemocrático. Al igual que un Estado, para poder ser considerado verdaderamente democrático, debe ser laico en todas y cada una de sus estructuras independientemente de la voluntad mayoritaria de su ciudadanía, ha de serlo también en forma de República.

En todo caso, teniendo en cuenta las particularidades del caso español, y para impulsar una iniciativa que, entiendo, nace con la voluntad de tumbar a la Monarquía Borbónica impuesta en el proceso constituyente de 1978, brindo mi apoyo a esta iniciativa de consulta popular. Pero, por favor, no caigamos en la trampa de asumir como legítimos unos principios que, por definición, son lo contrario.

LAURA ARROYO DE LAS HERAS

LAURA ARROYO DE LAS HERAS

Activista feminista

Soy una chica madrileña de 20 años con conciencia de clase y feminista, esto para mucha gente resulta fácil de criticar diciendo que soy jóven para tener una opinión sobre este tipo de temas. “¿Qué va a saber una niña de 20 años de la vida?”. Pues aquí la niña lleva desde los 15 años replanteándose la sociedad y la política española. Dejando a un lado la sociedad patriarcal, yo pensaba que por qué estaba esa familia llevándose una parte del dinero que todos los españoles aportana los presupuestos generales cuando su “labor” es ser unos simples diplomáticos. Al año siguiente, estudiando historia en el instituto fue cuando me di cuenta de que los españoles somos los tontos que tropezamos con la misma piedra una y otra vez. Nuestra historia es un bucle cómico de errores que jamás cesan. Y digo cómico porque mejor reír que llorar. Ocurre así desde el siglo XIX:los políticos y la familia real robando, el pueblo sabiéndolo y nadie hace nada. Y así estamos dos siglos después. Un rey puesto a dedo por un dictador que cobra miles y miles y miles de euros y un gobierno corrupto al que permitimos tener actitudes y medidas fascistas.

El pueblo está harto. Los jóvenes que van a trabajar en breve o que ya estamos trabajando y las personas más mayores que llevan años cotizando estamos hartos de ver como una familia vive por su cara bonita mientras que el resto nos partimos la espalda. Las personas con más edad en paro, subsistiendo para dar un trozo de pan a sus hijos también están hartos. Los jubilados con sus míseras pensiones que cada día recortan más, también. Absolutamente todo el pueblo español estamos hartos de ver cómo cada verano se van todos juntitos a Palma de Mallorca, cómo cada navidad nos da un mensaje de unión y paz y cómo cada x tiempo sale una nueva noticia de que se han subido su sueldo o algún escándalo de corrupción.

Quiero decidir, queremos decidir qué hacer con esta familia. Porque para eso estamos en un sistema democrático, para votar. “La soberanía nacional reside en el pueblo español”, cita sacada del artículo 2 de la Constitución de 1978. Pues ya que reside en nosotros, que nos dejen tomar la decisión de cómo queremos que sea la forma política.

Hago un llamamiento a todas y a todos los jóvenes que lean esto, a mujeres y a hombres de cualquier edad. Ya es hora.