El cuestionamiento del ejercicio y significado del derecho a decidir en el debate público se suma a las evidencias, que urgen a enriquecer los espacios de reflexión, y a promover una acción política que evite la inercia a la simplificación del proceso democrático. Si nada puede hacerse en política sin contar con la ­libre adhesión de la gente, cualquier proceso sobre los derechos de la ciudadanía solo avanzará mediante diálogo y acuerdo sobre cada uno de los objetivos, que definan las ventajas comunes que queremos alcanzar. ¿Sobre qué asuntos de nuestra convivencia decidimos? ¿Cómo realizamos la toma de decisiones? ¿Cuál es el objetivo que respeta la voluntad de todas las partes? Responder a estas preguntas pasa por imaginarse el lugar donde queremos vernos como sociedad. Para ello, necesitamos la implicación de todas y animar a la toma de iniciativas pacíficas en esa dirección, que contribuyan a la mejora de nuestras capacidades y habilidades como ciudadanía activa, protagonista de la construcción de un futuro esperanzador. Por suerte, tenemos un amplio margen de acción.